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Colette es mil personas, es ella misma pero también sus personajes, Claudine o Gigi, es tantas mujeres que uno se pierde entre su biografía y su propia obra. Si uno lee a Colette seguro que al terminar el libro empezará a leer sobre ella y acabará sin duda adorando a esa gran amante de la vida que fue la escritora francesa.

Las mil y una Colette

En 1924 Ramón Gómez de la Serna escribe el prólogo de Querido. Novela pasional, la traducción al español de la famosa novela Chéri de la escritora francesa Colette, libro clave en la trayectoria de esta gran mujer que cabalgó sobre todo y sobre todos en su desaforada vida. Ese mismo año Colette se divorcia de su segundo marido mientras mantiene un sonado affaire con el hijo de éste, que era treinta años menor que ella, algo que el propio Ramón hizo cinco años después al liarse con la hija de su compañera de tantos años la también escritora Colombine. Roaring twenties en estado puro.
Bastantes años habían pasado desde que Colette abandonara su Borgoña natal para vivir en París justo en el momento en el que había que estar allí, años que ocupó escribiendo la fantástica serie de novelas belle époque protagonizadas por Claudine y manteniendo sonoras relaciones lésbicas aunque también hetero, como la que mantuvo con ese otro marciano llamado D’Annunzio. En los ratos libres que le quedaron se casó y divorció, tuvo una hija a la que no hizo ni caso en toda su vida, convirtió durante la Gran Guerra la residencia de su marido en Saint-Malo en un hospital militar o se paseó por París con un collar de perro al cuello como la buena punki avant la lettre que era para demostrar orgullosamente que tenía dueña -esto último según la imaginativa biografía ramoniana-. De esos años es también su amistad con Cocteau, que es cuando Ramón la ve en un cabaret y absurdamente cruel habla de que su “escote tenía la gracia rechupada de la carne vieja, tirante”. Era una estrella y su vida podría definirse con el “ser star” de Carlos Pazos o, ya que Gómez de la Serna la conoció y habló sobre ella, con una de las poéticas definiciones de su prólogo-biografía en la que dice que Colette vivió siempre “en el centro matemático de su locura y de su vorágine”. En esa increíble tormenta vital suya, ya mayor, en el París modianesco ocupado por los nazis, escribió otro de sus libros inolvidables, Gigi, saliendo cada noche de fiesta mientras en su buhardillla mantenía a salvo del horror absoluto a su marido y a sus amigos judíos. Ya acabada la guerra se convierte en la primera mujer en entrar en la Académie Goncourt y al fallecer en 1954 el gobierno francés celebra el primer funeral de estado que se le hace a una mujer, un merecido homenaje para la una de las mujeres del siglo XX.
Ya que recorre todo este texto dejemos también a Ramón acabar este texto de homenaje a esta legendaria mujer, decía de ella que “en los pómulos se recrucedía el mundo y su nariz respingaba la creación”. Así era Colette, quien está enterrada, como muchos de sus amigos, en Père-Lachaise. Si van a París no dejen de visitar su tumba con un libro suyo bajo el brazo.

Colette de Jouvenel es la única hija de Sidonie Colette, fruto de su matrimonio con Henry de Jouvenel, político y periodista con el que se casó en 1911. Colette siempre se refirió a su hija Bel-Gazou y nunca tuvo con ella una estrecha relación familiar aunque siempre se encargó de supervisar sus estudios.