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Inma Shara
"NO PUEDO DIFERENCIAR LAS LÁGRIMAS DE LA MÚSICA".
F. NIETZSCHE
Inma Shara. Una libélula con batuta mágica
Debemos entrar con sigilo porque el ensayo ha dado comienzo, nos aposentamos en dos de las cientos de butacas libres. Suena la música, vestuario informal, concentración. Inma navega la melodía desde su estrado. Su figura estilizada se desliza delante y detrás marcando el compás.
Se hace un silencio, conversa con los profesores, sabe el nombre de cada uno de ellos y seguramente sus sensibilidades. Felicita al bajo con un "¡súper!". Risas.
Danza la sinfonía, hace puntas y talón, despliega sus finos brazos a modo de alas para luego recogerse. Su boca se abre inconscientemente, se muerde los labios de rabia concentrada, dirigiendo sus pupilas a los violinistas para dar mayor energía. Es una paloma inofensiva o un águila acechadora volando el tempo. Es una libélula con una batuta mágica que te cautiva de por vida.
En ocasiones, esta bailarina de la dirección parece se va a lanzar hacia los músicos como una saltadora de trampolín. Lacea la varilla y la vista con certero touché al profesor de turno. Enhebra el aire con su florete de paz, lo rasga y quiebra, lo hiere. Vence y convence.
Pide constante comunicación porque la partitura no lo es todo. Exige que la miren. Y no la miran, no, la alaban. Suelta patadas futboleras en la máxima tensión. Reta en par de banderillas a la orquesta. Hay momentos tan emocionantes, de sonido tan sensible, que invitan a la lágrima fácil.
Es todo, el verla volar, sus gestos pasionales, los acordes exquisitos fabricados por los instrumentos, es insoportablemente idílico. Disfruta, sonríe, provoca, ama. Comenta de viva voce durante el ensayo y de viva vista en el concierto.
Baja fulminante del pódium hacía un violonchelo, ¡qué se lo traga! Comparte con él su intervención solista, le regala un guiño de lujo y regresa a su torre del homenaje. Su gesto amable y cómplice es infalible.
"¡Fantástico!" o "¡ataca!", intercala entre las notas aprendidas de memoria. Despeinada y sudorosa arenga a la orquesta horas antes de comenzar el concierto. Sabe en cada instante quién va a destacar y lo persigue con su dulce mirada como el que busca a un amigo para protegerlo. No deja a ningún maestro sin dedicarle un tierno ademán.
Ha llegado la hora de ataviarse para la actuación. Inma nos atiende, de cerca su voz suena como un delicado instrumento más. Es joven, educada y amable, cercana. No dispone de mucho tiempo pero nos atiende y nos promete seguir la conversación durante el descanso. Esperamos ansiosos el concierto en primera fila para disfrutar de todas las emociones.
Timbre de aviso. Un minuto. Lleno total. Sale la orquesta. Aplausos. Afinación última y hace entrada una melena rubia desde atrás del escenario. Aparece sigilosa y elegantemente de negro. Más aplausos.
Se aploma bien en el entarimado que más tarde volverá a recorrer palmo a palmo. Se remanga dejando al desnudo unos frágiles pero firmes brazos. Aunque ella dice "es circunstancial", su sensibilidad, coraje y resistencia para sacar de Beethoven o Tchaikosvky su interpretación personal la delatan como mujer...
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