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Alejandra de Rojas

ALEJANDRA DE ROJAS ES LA IMAGEN DE UNA GENERACIÓN DE JÓVENES ESPAÑOLES QUE AVANZA. INDEPENDIENTE, SENCILLA, UNA MUJER MODERNA ABIERTA A TODAS LAS POSIBILIDADES QUE OFRECE EL FUTURO. LA FAMA ESTÁ LLAMANDO A SU PUERTA... SU VIDA SIGUE IGUAL, CONCENTRADA EN SU TRABAJO Y SU ENTORNO ÍNTIMO, LEJOS DE “SALSAS MARCIANAS” Y “ALIENÍGENAS ROSAS”. UN ESTILO DIFERENTE DE VIVIR LA POPULARIDAD SIN EXTRAVAGANCIAS NI EXCENTRICIDADES. NORMALIDAD ABSOLUTA, DISCRECIÓN EN LAS FORMAS Y COMPROMISO CON SUS VALORES PERSONALES.

Alejandra de Rojas

Alejandra es la menor de siete hermanos. La vida de una familia numerosa crea lazos fuertes e imprime carácter. Cariño, generosidad, respeto, sentimientos que brotan en la convivencia diaria, en las alegrías y en las tristezas compartidas. Su infancia, por lo demás, la define como “completamente normal”, centrada en sus hermanos y sus primeros pasos en el colegio francés St. Chaumond, del que guarda “todas mis amigas de infancia con las que me sigo viendo, quizás ellas sean lo mejor que me ha dado esa etapa”.

Dos lugares, además de Madrid, ocupan un lugar preferente en su memoria, Salamanca y Galicia. El amor por el campo salmantino y la equitación lo hereda de su padre. En la dehesa charra, entre jaras y encinas, galopa a lomos de “Luisa” y “Fierabras”. Pasión hípica a cielo abierto. “En el campo es donde uno realmente disfruta montando a caballo”. Entrañables tardes junto a su padre, “sentada sobre sus rodillas al calor de la chimenea, escuchando sus vivencias, sus pensamientos, sus reflexiones sobre la actualidad y la historia”. Galicia, su tierra materna, es el puerto de sus vacaciones estivales. Las tierras gallegas le impregnan con su mar, su aroma penetrante a eucalipto y tierra húmeda, su sol lluvioso. Mágico “finisterre” de camaraderías y amistades de acero que perduran en el tiempo, forjadas en aventuras y correrías infantiles. Alejandra mantiene en el corazón estos trozos de tierra y mar.

Sus estudios superiores de “Marketing y Comunicación” los realiza en una universidad norteamericana. El artificial mundo de la imagen y las relaciones sociales no le impiden mirar la cruda realidad de la desigualdad y falta de oportunidades que sufren muchas personas marginadas. Alejandra no quiere vivir en una burbuja y participa en proyectos asistenciales con niños. Su último curso universitario lo realiza en Londres. Experiencia decisiva que “abre la mente en todos los sentidos”. El corazón del viejo imperio británico es una ciudad de efervescente eclecticismo y afilados contrastes desde el British Museum a la Tate Gallery. A orillas del Támesis convive con gentes de todas las partes del mundo. Una gran familia multicultural y políglota que “ayuda a madurar y a ver las cosas de otra forma”.

De regreso a Madrid, le espera el competitivo mundo de la publicidad y la moda que Alejandra conoce desde muy pequeña. Reto importante que “ya no es un juego infantil con zapatos de tacón por el pasillo de casa”. Puesta en escena en la que nombre y apellidos se diluyen rápidamente sin el soporte de unas virtudes personales sólidas y una ética coherente.
Como muchos jóvenes que empiezan logra hacerse un hueco con disciplina, dedicación y perseverancia. Muchas horas de trabajo oscuro, semanas interminables de preparativos detrás de la pasarela. “Backstage”. Labores de equipo que no enfocan las cámaras ni ocupan las portadas de las revistas, pero que son vitales en el resultado final. Una lección que enseña que en el mundo laboral “nada es gratis, todo cuesta esfuerzo”.

El trabajo responsable da sus frutos. La prestigiosa casa sevillana “El Caballo” descubre Alejandra. La centenaria firma le identifica con el espíritu y la filosofía que inspiran sus colecciones. Equitación y moda combinan placer y trabajo, tradición e innovación. “El Caballo” presenta una mujer sin complejos, brillante profesional, que sabe vivir cada momento, que no se resigna a ser un mueble del hogar ni un complemento masculino. Una mujer con “duende”, que despliega todo su encanto sin gestos forzados. Femenina y atractiva sin histrionismo.

“El Caballo” presenta Alejandra como su mujer para el siglo XXI. Sus fotografías aparecen publicadas en numerosas revistas nacionales. Una situación diferente que no cambia sus hábitos ni su manera de pensar. Trabajo, disciplina y responsabilidad. Afronta la popularidad consciente de que es una de las caras de la profesión que ha elegido, de la misma manera que madruga para llegar pronto a su oficina. Acude a...