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La historia es breve, pero no por ello menos intensa. Relato, que una chica joven de unos veintipocos años, iba sentada en su asiento clase preferente del vagón de un tren Talgo pendular azul sintiendo su vida a través de unas fotografías que le hacían vivir momentos que no volverían nunca. Eran fotografías que reflejaban su vida de cantante como corista acompañando a otras voces de grandes cantantes como Juan Bau y Francisco. Es la historia de Ángela Baidez.

Ángela Baidez en Aruba

Su mirada perdida mirando las fotos, era su alma callada en su propio canto. De vez en cuando, alzaba la mirada para reflejarse en el paisaje que a gran velocidad pasaba antes sus ojos viéndose en el reflejo de la ventanilla su propio ver, y a su vez, al pasajero que se encontraba en el vagón al otro lado del pasillo. Era la mejor manera de disimular sin tener que girar la cabeza para encontrarse con su mirada, o mejor dicho, lo que deseaba que le ocurriese al pasajero. De pronto, el revisor apareció en el vagón para rasgar el billete, viendo que la chica sólo llevaba billete de ida y no de vuelta con destino a la estación Madrid (Chamartin). A continuación, le tocó el turno de mostrar sus billetes al otro pasajero. El pasajero no dejó de observar a la joven en su estar, pensar y sentir, pues él la tenía vista pero en ese momento no recordaba ni de dónde, ni cuándo. Su silencio mirando esas fotos, su mirada perdida en el paisaje, hacía que el pasajero sintiera ese corazón que había de niña en su juventud. Todo le era ilusión y le hacía sonreír. Hacía sentir poesía en su espiritualidad con corazón de guitarra. Y el pasajero en esto nunca se equivocó. Y así el pasajero, observándola en sus gestos, miradas y cambios de posición, le fue venciendo el sueño pues, para él, el viaje era largo y era la manera de verla soñándola, porque toda ella le parecía un sueño. Tan profundo fue el sueño que llegó a la estación Madrid (Chamartin), y ella se apeó del tren. Era su final en ese medio de transporte para luego embarcarse en avión desde Madrid (Barajas) rumbo con su billete de ida a tierras de alma llanera. En esas tierras triunfó con el grupo Scarlata cosechando disco de oro y platino y siendo nombrada hija de Venezuela. Él, cuando se despertó, se encontró que ya no estaba en el vagón, y en el ir y venir de su existencia, quiso encontrarla para ir a buscarla. Con el pasar de los años el pasajero dio con un lugar llamado Aruba llevado por la causalidad, y cuando llegó a la isla por primera vez, cerrando los ojos, se reconoció en ese lugar y supo al instante, que su deseo sería morir en la isla de Aruba. Y entre muchas idas y venidas a la isla, el pasajero supo que en la isla vivía una mujer española que cantaba con estilo propio y su nombre artístico era Ángela Croes porque dicho apellido le correspondía por estar casada con un arubano y el pasajero dudó de si ella era o no, porque su apellido no coincidía. Gracias a cómplices y amistades del pasajero en la isla, pidió a una amiga nativa llamada Milly Navas que se acercara al lugar donde ella actuaba diciéndole que un amigo español dudaba de su identidad y que le ayudaría poderle enviar una foto para así salir de la duda. La artista así lo hizo, y cuando la amiga envió dicha foto, el pasajero reconoció después de muchos años, ya en edad madura, a la joven cantante del tren y se puso en camino a Aruba una vez más como destino fijo de sus vacaciones con la ilusión de verla de nuevo. Y cuando llegó una vez más a Aruba, se desplazó a ver su actuación en Casa Tua Barcelona. (...) Sigue en pdf