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Una vivienda volcada al mar

En la costa norte de la isla de Tenerife, asomada a un sobrecogedor acantilado de 300 metros de altura sobre una pequeña playa de arena negra, se ubica esta singular vivienda obra de los arquitectos Antonio Corona y Arsenio Pérez Amaral.

Una vivienda volcada al mar

E l proyecto se concibió bajo una premisa bien definida: la de poder disfrutar de su privilegiado entorno natural, respetándolo e interactuando con él al máximo. Para ello, levantaron dos cuerpos de hormigón y vidrio, de forma que uno de ellos se introduce en el otro de doble altura formando una única pieza en forma de L de apariencia monolítica. La audaz edificación se asienta sobre una plataforma de madera de ipé que se prolonga hasta el borde del acantilado creando una magnífica terraza. En ella, una espectacular piscina sin fin revestida de gresite negro se erige como protagonista, fundiendo su oscura superficie con el azul profundo del Atlántico; junto a ella una pérgola de acero y madera proporciona sombra a una parte de este imaginativo mirador. También aquí se encuentra el acceso al sótano, que acoge un gimnasio iluminado por los rayos de luz natural, que llegan desde la piscina gracias a una gran pared de vidrio que permite ver su cambiante interior.
El volumen principal de la casa es de dos alturas. En la primera planta, un espacio libre y diáfano por el que se accede desde el exterior funciona como un espacioso hall que conecta visualmente con el salón gracias a un hueco central, y ofrece además unas magníficas vistas del Teide. El nivel inferior alberga las zonas de día en una misma estancia con dos ambientes diferenciados: la cocina-comedor, hasta la que se llega por la escalera que discurre por detrás de ella, y el salón-biblioteca, marcado por el diálogo entre el blanco y el negro y por la sencillez de un mobiliario minimalista de piezas exclusivas, cuidadosamente escogido para no perturbar la belleza de esta caja acristalada en la que parece introducirse el paisaje casi infinito.
La zona que acoge las estancias de noche se dispone longitudinalmente enfrentada al mar, con acceso directo desde la terraza a través de su fachada de cristal protegida por persianas de madera, que le confieren un aspecto semitransparente y le aportan intimidad. Los dos dormitorios se encuentran a su vez separados por paneles correderos que permiten la comunicación interior entre ambos y con el resto de la casa. En el principal, una bañera exenta de cemento se sitúa en el centro del mismo como una sobria escultura. Desde aquí, una franja de madera fluye por el suelo hasta el comedor, acentuando la horizontalidad del espacio y dotándolo de continuidad visual al tiempo que aporta un sutil toque de calidez.
Esta vivienda resulta en última instancia un espacio en el que la arquitectura difumina sus límites más visibles para relacionarse de manera admirable con el excepcional paisaje tinerfeño, renunciado a lo superfluo tanto en el exterior como en lo que a la decoración se refiere. De esta manera se convierte en un lugar sereno, sofisticado y acogedor que cambia al tiempo que lo hace el entorno que lo envuelve.
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MOBILIARIO Y DECORACIÓN

- Esculturas sobre el mueble del recibidor de Capa Esculturas y del Colegio de Arquitectos de Las Palmas.
- Alfombra del hall, sigue un diseño iraní.
- Lámpara de la escalera de latex diseñada por Herzog & De Meuron que produce Belux.
- Sofá de piel negra del salón de Perobell.
- Sillón con reposapiés Barcelona, de Knoll International.
- Chaise Longue de Le Corbusier que edita Cassina.
- Alfombra del salón de BoConcept.
- La mesa de comedor ha sido diseñada por los arquitectos.
- Sillas de comedor Eames de Vitra.
- Grabado junto al comedor de Chillida.
- Taburete junto al comedor modelo Hocker diseñado por Herzog & De Meuron para Vitra.
- Sobre el cabezal de la cama hay una obra de José Abad y dos lámparas Gira de Mobles 114.
- Grifería del lavabo de la serie Axor Starck de Hansgrohe.
- Grifería de la bañera Loft Elite de Roca.