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Meg Ryan

PASEA POR LA PANTALLA UN AIRE DE MUJER VULNERABLE, UNA FEMINIDAD SENCILLA Y ESPONTÁNEA. SU ROSTRO APACIBLE SIEMPRE HA DESTACADO BAJO UN LUMINOSO CABELLO RUBIO, Y DESDE QUE LA CONOCEMOS, SUS OJOS REVELAN UNA MIRADA ENTRE TIERNA E INGENUA. PASA POR SER UNA ACTRIZ DE BUEN OFICIO, UNA OMPAÑERA DE TRABAJO AFABLE, UNA PROFESIONAL ENTUSIASTA QUE SE TOMA EN SERIO EL ARTE CINEMATOGRÁFICO. SUS PELÍCULAS SON EL REFLEJO DE ELLA MISMA, DE SU FORMA DE SER: SON DIVERTIDAS, SUTILES, CAPRICHOSAS, Y EN TODAS LAS OCASIONES NOS HACEN VER QUE LA VIDA ES UN PURO ENCANTO.

Margaret Mary Emily Anne Hyra. MEG RYAN

Su imagen es la de una mujer de hoy, rebosante de matices y de simpáticas contradicciones. Puede aparentar una naturaleza indecisa, y al mismo tiempo demostrar esa firmeza que le ha permitido hacerse un sitio en el star system del cine contemporáneo. Delicada y vigorosa, profesional y familiar; sencillamente humana. Ya sea como una actriz en pleno rodaje, como productora de sus películas o como una transeúnte de compras por París, Meg Ryan es una mujer sobria y profundamente femenina. No pretende otra cosa, y de ahí nace su excepcional carisma. “Yo no sé cuál es mi receta”, confesaba a un periodista, “pero la gente nunca me señala por la calle”. Las gentes, las mujeres, son así. En el pequeño mundo cotidiano en el que Meg Ryan ha creado con su cine, la hemos visto en la pantalla diciendo y haciendo las cosas que muchos diríamos y haríamos. Y encerrado en ese cuerpo de mujer delicada y sencilla, tenemos a una mujer emprendedora, de éxito; una mujer de nuestro tiempo que sabe lo que hace y le gusta.
Pocos lo recuerdan, pero su primer papel en el cine fue en “Ricas y famosas” (1981), una obra sobre el universo femenino que resultó ser el último trabajo de George Cukor, un director que marcó una época en la comedia romántica americana de los años 30 y 40. En ese detalle esté quizás una de las claves de su envergadura como actriz y creadora. Meg Ryan ha sido una de las personalidades que más ha hecho por recuperar la esencia de la comedia clásica, o lo que es lo mismo, un cine emocional, ingenioso y sobre todo deliciosamente divertido. En definitiva: un cine de calidad. Vista con la perspectiva de hoy, su carrera se enmarca entre dos títulos: “Ricas y famosas” de George Cukor, y “Mujeres”, una obra que se estrenará el próximo año y de la que es, en un acto de confianza y compromiso, protagonista y productora. “Mujeres” es, cerrando el círculo, la versión actualizada de un film de 1939 dirigido por el mismo George Cukor que le dio su primera oportunidad. Es un detalle importante, un síntoma de las intenciones de la actriz. Y entre estas dos películas, otras obras igualmente valiosas que han llevado a Meg Ryan a impulsar el renacimiento de un género que ha dado al cine grandes momentos. Su cine es el heredero directo de la comedia clásica. Así, consciente de ese mérito, su carrera está plagada de acontecimientos que van por ese camino: “Cuando Harry encontró a Sally”, “French Kiss”, “Algo para recordar”.... Son algo más que películas amables: son el retorno a la dignidad de un cine que ha tenido mucho que ver en nuestra educación sentimental.

Recuperamos de nuestra memoria a actrices de la talla de Katharine Hepburn, Claudette Colbert, Barbara Stanwyck, Ginger Rogers, Carole Lombard. En alguna ocasión se la ha comparado con Jean Arthur, poseedora como ella de una lánguida mirada y un similar temperamento sensible. Meg Ryan significa el regreso de las grandes actrices de la comedia. Y de las grandes parejas. Ha sido memorable su comunión en la pantalla con Dennis Quaid, con Billy Crystal, con Kevin Kline y sobre todo con Tom Hanks, en la más pura tradición de parejas de la estirpe de William Powell y Mirna Loy, o Katharine Hepburn con Cary Grant, James Stewart y Spencer Tracy. Un hilo de Ariadna une dos épocas; el pasado y el presente tienen en Meg Ryan un perfecto maridaje. Es la representante de todo lo bueno que la tradición cinematográfica americana nos ha legado. El matiz que Meg Ryan da a sus personajes y su papel en la comedia americana va más allá del puro divertimento...