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Andrés Puch
VIENEN NUEVOS TIEMPOS, Y TIENEN QUE SER DIRIGIDOS POR UNA CIUDADANÍA CON UNA CONCIENCIA DIFERENTE, LIBRE DE ESTEREOTIPOS, SIN SIGLAS NI SÍMBOLOS SANTOS.
Alas de papel
uevo ciclo, nuevo presidente y nuevo gobierno. Cuando se cerraron las urnas de la pasada jornada electoral, se cerró o al menos así lo espero, también una manera de entender la vida pública. Una década larga de cemento, de pelotazos, de milagro bursátil y nuevos ricos, de reserva de treinta años en el almuerzo y barra libre para todos. Negocios fáciles en restaurantes, que servían poco en el plato y mucho en la cuenta, y aviones con “overbooking” rumbo a Punta Cana con pulsera de todo incluido y financiación a treinta y seis meses. Una sociedad de excesos que ha terminado mendigando y a punto de ser expulsada del club de campo, que por cierto también está hipotecado. Los vecinos nos miran mal.
No soy de la cofradía de los ilusos, ni la de los fanáticos, que piensan que con el nuevo gobierno vuelvan a pagarse los ladrillos con oro y diamantes. Tampoco creo que el presidente, que estrenamos sea el mago de Oz, la verdad es que me conformo con que sea austero y no estorbe, porque de lo que sí estoy convencido es que la crisis nos ha devuelto a los ciudadanos el papel protagonista de esta comedia. A estas alturas todos sabemos que cada hijo de vecino se tiene que sacar las castañas del fuego como buenamente pueda, y que el pasotismo, el individualismo y abandonar todo en manos de las castas políticas y sus oligarquías asociadas, tanto bancarias como sindicales, tiene unos resultados que desgraciadamente ahora conocemos de primera mano. Soy razonadamente optimista, por que la crisis ha obligado a muchas personas a romper su silencio, a salir de su exilio. Ahora se puede escuchar claramente la voz de esa mayoría discreta de indignados de chaqueta y corbata, autónomos sin horario, trabajadores anónimos y emprendedores que luchan por sus proyectos, sus ideas e ilusiones. No es hora de callarse, los valores están cambiando y espero que pronto los diarios deportivos dejen de ser los más vendidos en los quioscos, es insostenible a largo plazo. Hace falta que se hable de economía, de inversión, de cultura, de tecnología... Vienen nuevos tiempos, y tienen que ser dirigidos por una ciudadanía con una conciencia diferente, libre de estereotipos, sin siglas ni símbolos santos. Creo que esta es la mejor garantía de que no hay vuelta atrás y espero que la gravedad de la situación nos haga muy exigentes con nuestros gobernantes. Se acabaron los coches oficiales y los baños alfombrados. Por supuesto, no espero a la indignación de piojo y calimocho, ni a iluminados que se quedaron en mayo del 68 y ahora buscan su minuto de gloria megáfono en mano.
Esa canción me suena a baile viejo, a cafetería universitaria sin limpiar. No creo en la revolución pendiente, menos cuando esta institucionalizada y subvencionada, para protestar siempre prefiero vino joven.
Un buen ejemplo de ese caldo es la resistencia que mantienen frente al poder algunos ciudadanos chinos. Sin derechos de asociación ni de expresión allí la cosa es más complicada. Hace unos meses el gobierno recluyo a uno de sus disidentes más notorios Ai Weiwei en su casa, es demasiado famoso internacionalmente para hacerlo desaparecer sin más. Recluido en su domicilio y aislado por un alto muro gris, las autoridades decidieron escarmentarlo pidiendo una multa desproporcionada por unos supuestos delitos fiscales. La excusa era lo de menos. Amedrentamiento, persecución, presión psicológica... los instrumentos típicos y previsibles al servicio de la represión. Ahora bien, lo que no esperaban los gobernantes chinos s que cada mañana cientos de ciudadanos anónimos lanzasen por encima del muro billetes en forma de aviones. Se calcula que unos 20.000 chinos han burlado con sus aeronaves de alas de papel la barrera de hormigón. Ai Weiwei ha podido hacer frente a la multa y sigue reclamando libertad para él y sus compatriotas. Son nuevos tiempos para otro tipo de ciudadanos.
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