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Penélope Cruz

PENÉLOPE CRUZ ES YA UNA ESTRELLA. DESDE QUE DIERA SUS PRIMEROS PASOS DE DANZA EN EL CONSERVATORIO NACIONAL HASTA SU CONVERSIÓN EN MUSA E IMAGEN DEL ÚLTIMO PERFUME DE RALPH LAUREN, SU PROLÍFICA CARRERA NO HA DEJADO DE MARAVILLARNOS. TODOS RECORDAMOS, EN UN MOMENTO ESTELAR PARA EL CINE ESPAÑOL, LA ESPONTANEIDAD DE SU EXCLAMACIÓN ANUNCIANDO EL OSCAR DE PEDRO ALMODÓVAR POR SU PELÍCULA “TODO SOBRE MI MADRE” EN LA QUE ELLA INTERPRETABA UN PAPEL COMPLEJO Y ARRIESGADO. ESA MISMA ESPONTANEIDAD QUE NOS SEDUJO NO HA DEJADO DESDE ENTONCES INDIFERENTES A MUCHOS DE LOS MEJORES CINEASTAS ACTUALES.

PENÉLOPE CRUZ SÁNCHEZ, “PE”

El año 2003 se presenta desde el punto de vista profesional como uno de los más fructíferos de su ya larga carrera. A pasos de gigante, su talento ha atravesado las fronteras, y, afincada en Hollywood, encadena a través del mundo un proyecto cinematográfico tras otro. Ningún cineasta puede resistirse a sus encantos, ni los franceses Kassowitz o Krawczyck, con cuya película, “Fanfan La Tulipe”, se inauguró el último festival de Cannes, ni el australiano John Duigan, ni el americano Larry Charles en cuya última cinta Penélope comparte cartel con el nada menos que legendario Bob Dylan. Consciente del privilegio que supone trabajar tanto en América como en Europa nuestra actriz más internacional no tiene reparos a la hora de elegir sus papeles y en cuanto a las transformaciones y caracterizaciones que algunos de ellos exigen, Penélope se confiesa dispuesta “a cualquier cosa que necesite mi personaje. Puede incluso que tenga que quedarme calva para una película de Pedro (Almodóvar) pero está bien, crecerá otra vez”

El secreto del éxito de Penélope Cruz no es una cuestión de suerte, ni de puesta en marcha de un meticuloso plan de marketing. Sin perder de vista sus indudables dotes interpretativas, éste se debe en gran parte a la universalidad de su belleza y de su personalidad. A sus recién cumplidos 29 años, Penélope encarna a la perfección la imagen de la mujer ideal del nuevo siglo, activa, apasionada, determinada, celosa de su vida privada y preocupada por su equilibrio físico y moral. Atraída por la serenidad de la espiritualidad oriental, Penélope aplica en su vida los preceptos de la filosofía budista, y ama la cocina japonesa fiel reflejo de su equilibrio y refinamiento.

Penélope Cruz es también una mujer comprometida, no puede dejar de sentirse involucrada, como muchas mujeres actuales, en la época en la que le ha tocado vivir implicándose sin pereza en causas humanitarias. Sin atender a fines publicitaros, preside en EEUU una fundación (SABERA) cuyo objetivo consiste en intentar proporcionar un mundo mejor a las niñas y mujeres abandonadas de Calcuta. Su labor humanitaria no es reciente, ya anteriormente había participado activamente en varios proyectos, entre otros, en el Santuario de Niños de la Madre Teresa al que revirtió el salario percibido en la película “The Hi-Lo country” dirigida en 1998 por Stephens Frears.

La familia ocupa en su vida un lugar privilegiado y ello supone, sin duda alguna, uno de los pilares del éxito de su carrera, gracias a su apoyo y orientación Penélope ha podido mantener el equilibrio y la firmeza frente a los avatares del éxito de su vida profesional, sin ceder al abanico de tentaciones que la fama trae consigo y que tantas prometedoras carreras ha arruinado. Muy unida a su hermana, Mónica, y a su madre a la que califica como su mejor amiga, Penélope en una frase entrañable, define la relación de complicidad que las une: “No podría decirte cual en todo momento. Lejos del estereotipo de la estrella caprichosa y divinizada a la que el celuloide nos tiene acostumbrados nuestra actriz no deja de mostrarnos en cualquier ocasión su faceta más humana.

Finalizada la época dorada del cine en el que el “glamour” lo encarnaban mujeres inaccesibles, fatales, lánguidas, la mujer de hoy, como nos lo demuestra Penélope, es inteligente y cultivada y no tiene miedo a demostrarlo. Lejos del modelo de mujer elegante y puramente decorativa, ella no teme perder su maquillaje, ni reír a carcajadas, ni correr bajo la lluvia tras el hombre amado. La mujer del siglo XXI quiere ser varias mujeres en una sola, quiere ser mujer y amante, quiere vivir el momento y al mismo tiempo disfrutar de la vida en armonía con su entorno, quiere sentirse informal y cómoda de día pero extremadamente sofisticada de noche. Penélope nos demuestra que esto es posible, su vida refleja la misma capacidad de adaptación con la que elige e interpreta sus papeles cinematográficos. ¡Bravo Penélope por demostrarnos...