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Un Oasis de Paz

EL REINO HACHEMITA DE JORDANIA LO ES. POR ESO, SE HA CONVERTIDO EN EL DESTINO IDEAL DE LOS ESPAÑOLES PARA CONOCER UNO DE LOS PAÍSES ÁRABES MÁS ATRACTIVOS Y SEGUROS.
UN PUEBLO MODERNO CARGADO DE TRADICIONES DONDE LA HOSPITALIDAD ES INNATA.

Un Oasis de Paz

Vuelo RJ110 de Royal Jordanian, la Compañía Aérea que te lleva y que te mima. Anuncian la llegada. Desde el aire, parece una fiesta de luciérnagas que nos da la ­bienvenida.
La primera noche nos resistimos a quedarnos en el hotel. Aunque es muy tarde, salimos en busca de un shawuarma (típico bocadillo). Encontramos un establecimiento auténtico donde somos diana de todos los pardos ojos. ¡Dios mío que cosa más rica!
La mesa de enfrente está plagada de niños. Una que no tendría más de diez años nos lanza centenares de sonrisas cómplices. Le dice algo a su padre que viene hacía nosotros en plena oscuridad emocionante. En perfecto inglés y formas, nos anuncia que vienen a darnos las buenas noches, en especial, su hija pequeña “la mirona”. Le chapurreo unas palabras en árabe en signo de nuestra también buena educación y por satisfacción propia, cosa que ellos agradecieron.
El padre hace lo propio en español para nuestra sorpresa, nos despedimos para siempre pero ya hermanados de por vida. Marchan y toda la chiquillería saluda desde el coche grande con sus pequeñas manos.
¡Bienvenidos al Reino hachemita de Jordania! Primer día y no me han defraudado. En la calle siguen paseando o sentados en los cafetines sin más. Amman no duerme, vive y vive en paz.
Es una cultura donde tradiciones y lo actual conviven con total normalidad. Patrimonio histórico, pueblo que vive en la armonía. Paisaje, naturaleza y gastronomía pero sobre todo, hospitalidad y paz. También Jordania sorprende al viajero por ser una nación dinámica.
Rebosante de restos de antiguas civilizaciones. Buenos ejemplos son: la ciudad nabatea de Petra, el milagro del Mar Muerto y el valle del Jordán, las maravillas del Mar Rojo o el desierto de Wadi Rum que contrastan con la cosmopolita Amman, con sus hoteles y sus tiendas de lujo, aunque la capital también respira historia.
Además, cuenta con numerosos lugares que han dejado su huella en la Biblia y que han despertado en peregrinos y viajeros el interés por Jordania.
Con un té y con excitantes vistas, invito a Ibrahim, mi guía y hermano jordano, a que cierre los ojos y me declame sobre su patria. “Un País con la enorme bendición de Dios. Donde la gente vive por igual, sin diferencia de religiones ni de razas, que siempre te reciben con los brazos abiertos y una sonrisa”.
Gema, nuestra guía acompañante cierra sus también almendrados ojos, y en susurro cálido, con maneras árabes, dicta su visión personal: “Colorido y sabores. El olor y la hospitalidad. La inocencia y felicidad de los niños. Y cómo se saludan sus gentes, se conozcan o no”.
Los tres, ya en silencio, quisimos soltar unas lágrimas de brindis por Jordania. (...) Sigue en pdf