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Una etapa del Grand Tour. Lago de Garda

DE LOS TRES CONOCIDOS LAGOS ITALIANOS, MAGGIORE, COMO Y GARDA, SIENTO PREDILECCIÓN POR ESTE ÚLTIMO. IGNORO LA RAZÓN DE MI PREFERENCIA. TAL VEZ RESIDA EN LA CIRCUNSTANCIA DE SER EL PRIMER GRAN LAGO AL QUE VIAJÉ.

Una etapa del Grand Tour. Lago de Garda

Desde mi juventud, fascinado por el Grand Tour -ese viaje que, en el siglo XVIII y para su educación, emprendían los jóvenes de buena familia por Europa-, he ansiado conocer esa comarca lombarda que atrajo no sólo a aquellos acaudalados muchachos, sino también a artistas tales como D.H. Lawrence, D’Annunzio, Toscanini y Stendhal.
A todos ellos embrujó el suave clima mediterráneo de ese espléndido paisaje de aguas enclaustradas entre elevadas montañas en cuyas orillas, flanqueados por cipreses y limoneros, se encuentran hermosas villas y majestuosos palacios.
Me alojé con mi mujer y mi hija en una de esa villas, en Villa Giulia, hoy transformada en un coqueto hotel cuyos muros bañan las aguas del lago de Garda. Estamos en Gargnano, localidad donde residió Mussolini en los días de la Republica de Saló. Fue Villa Feltrinelli, hoy un lujoso hotel, la morada de aquel tirano. Desde mi alojamiento veo esa opulenta mansión, cuyos jardines llegan hasta la orilla del lago en cuyas aguas me sumerjo cada mañana. El agua está fría, he de nadar para entrar en calor, pero interrumpo mi braceo para admirar ese circo de escarpados acantilados surcados por una estrecha carretera.
Nos encontramos al norte del lago que, por contraste, con el lado sur ofrece un paisaje de altos picos. Aquí se encuentran, entre otras localidades, Gargnano, Limone sul Garda, Riva del Garda, Torbole y Malsecine.
Todas las poblaciones del lago cuentan con un pequeño puerto donde atracan transbordadores para el transporte de viajeros. Algunas de esas embarcaciones son incluso útiles para el traslado de coches.
Mucho es el atractivo de estos parajes ya apreciados por los antiguos romanos, pero su mayor encanto deriva de esos sencillos puertos, así el de Gargnano, a cuyo muelle acudimos a pasear cada atardecer. Luego, elegimos una de las trattorias abiertas frente al lago y nos acomodamos para cenar en su terraza, si bien ayer noche preferimos saborear la exquisita cocina del conocido restaurante Tortuga, famoso en toda Italia por sus platos fríos de pasta, foie gras y langosta.
El sol cae tras los muros de la montaña y los patos se acercan a los comensales de los restaurantes para reclamar con sus graznidos unas migas de pan. Otro tanto sucede cada mañana con los gorriones que, sobrevolando las aguas, se acercan a nuestro desayuno en la terraza del hotel.
Todos esos pueblos y ciudades se caracterizan por sus antiguas construcciones de tonos claros de no más de dos o tres pisos, sus calles empedradas y sus paseos, como el de Saló, junto al lago. (...) Sigue en pdf