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Arquitectura Humana por Álvaro Siza

Durante más de sesenta años el portugués ÁLVARO SIZA, máximo exponente de la arquitectura contemporánea a nivel internacional, ha creado espacios con una máxima humanística: construir una casa es una aventura, vivirla, el objetivo.

Arquitectura Humana por Álvaro Siza

Aquellos que detestan la arquitectura contemporánea, ejemplo del esnobismo, la extravagancia y el derroche, encontrarán un punto en común con Álvaro Siza, el primer arquitecto portugués en ganar el Premio Pritzker, considerado el Nobel de su disciplina. Ese título no representa más que la mitad del trabajo de Siza, original de Matosinhos, un pequeño municipio al norte de Oporto, que soñaba con ser escultor pero se matriculó en arquitectura por no contrariar a su padre. Mucho se ha escrito sobre él tratando de definir su estilo, pero quizá lo más sencillo sea reconocer a simple vista una de sus obras. Su primer proyecto data de 1954: unas viviendas en Matosinhos. Tenía entonces 21 años. El hombre fue creciendo, al igual que sus edificaciones, con un punto en común: su adaptación al entorno y a los materiales en él. El maestro portugués transmite un respeto profundo por el lugar donde interviene, acomodándose sin prejuicios al enclave, así como en su conciencia social; construye para gente concreta, sin delirios abstractos. Ejemplo de ello son sus trabajos en el Museo de Arte Contemporáneo y la Facultad de Periodismo de Santiago, o las Piscinas das Marés, piscinas naturales que se unen con el mar en su pueblo natal.
Se le ha relacionado con Le Corbusier y con Wright, con el organicismo nórdico de Aalto y Utzon, el racionalismo holandés de Oud, y con los principios de la Neue Sachlichkeit. En ese afán por etiquetarlo, se le reconoce un carácter artesano, que viene de su amor por la textura y calidad de los materiales, con un acabado único y poético que inunda su obra de serenidad. "Mi arquitectura", dice Siza, "no tiene un lenguaje preestablecido, ni establece de por sí un lenguaje. Es una respuesta a un problema concreto, una situación de transformación en la que yo participo (...). Un lenguaje preestablecido, puro y hermoso, no me interesa". Al arquitecto un profesor llegó a decirle que estaba claro que no entendía nada de arquitectura. Quizá es porque el ahora anciano Siza se centró en el lado humano de un edificio, en sus múltiples usos, en sus siete vidas. Es algo que caracteriza, en general, a toda su obra: esa dimensión suave, humana, que evita a sus edificios cualquier arrogancia programática o estilística. Olhar e ver (mirar y ver) es el lema y programa de este arquitecto que quiere ante todo comprender, respetar las exigencias y el latido de enclaves y personas. "Organizamos el espacio", ha dicho, "para que el hombre viva. Si se ignora al hombre, la arquitectura es innecesaria".