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Antón Goiri

ANTÓN GOIRI habla de la suerte, el instinto y la curiosidad, mientras afirma con sinceridad que no “puede evitar ser fotógrafo”. Profesión que le ha llevado a descubrir la personalidad de Michael Caine, Rafa Nadal, o Diane Kruger. “No tengo ningún temor reverencial, le trato de tú al Papa, ambos estamos trabajando”.

Antón Goiri

Una imagen vale más que mil palabras. Frase que en boca de una escritora que se encuentra sentada ante un amigo de la infancia, treinta años después, adquiere más valor que nunca. Sin embargo, Antón Goiri, el fotógrafo versátil, culto y divertido, habla sin freno de la profesión que le mantiene unido a la verdad, más allá de la belleza física, y huye del ‘buenismo’, porque cree que “hay que mojarse”, mientras recalca, “que hay que diferenciar entre un fotógrafo profesional, que se gana la vida con este trabajo, y otro amateur”. Para ello es necesario tener “más de veinte años de experiencia, ser ligero, coquetear con el personaje y acceder a él”. “Los fotógrafos que hacen bodas, bautizos y comuniones son tan profesionales como los que hacen Vogue y me siento tan cerca de ellos como de Inez & Vinoodh, situados entre los cinco autores de moda y cultura urbana más influyentes del mundo”. El fotógrafo bilbaíno ha publicado su obra, entre otros medios, en el Diario el Correo, el Suplemento de El País, Tentaciones, “algo muy divertido”, el Magazine de la Vanguardia, The Guardian o Vogue Alemania. Su vocación nació en Inglaterra, cuando compartía casa con unos chicos que fotografiaban carreras de coches. “Enseguida quise viajar, pero soy huérfano de padre desde pequeño y para mi madre financiarme los viajes no era fácil. “Cuando éramos críos ser joven era un sinónimo de inexperiencia y soberbia, pero yo considero que hoy en día la juventud es un valor en sí mismo”. Cuando regresó a Bilbao, una tía suya, fotógrafo de la empresa Petronor, le regaló varias cámaras técnicas, de 2x6. “Entonces me fascinó todo lo que tenía que ver con los carretes y la artesanía, algo inaccesible, y me lo tomé muy en serio, mientras terminaba la carrera de Derecho. En 1993 fue el primer artista en exponer su obra en el interior de la Sala Rekalde, junto a Robert Rauschenberg, mientras estudiaba tercero de Derecho. “Aunque considero que la fotografía no es un arte sino una artesanía”. “Tuve tal suerte, en aquel momento, que el Reina Sofía catalogó mi trabajo y me dedicó un espacio en el programa Metrópolis”. “Terminé mis estudios y empecé a trabajar en Madrid”. “Con veinticinco años me emancipé, tenía un apartamento de 21 metros cuadrados y un estudio, algo inaccesible para un joven de hoy en día”. “Como hablaba idiomas, empecé a retratar a personajes foráneos. Había más facilidades, antes no era inusual fotografiar a Michael Douglas o a los Lemonheads, que fue mi primer trabajo”. Más tarde Jackie Chan pasó por su objetivo, “personajes hoy bastante inasequibles” y a los 28 años le representaba Outline, la primera agencia de Annie Leibovitch en España. Respecto a la evolución del panorama fotográfico, Antón Goiri opina que “se ha perdido en cierta medida la mistificación que tenían los negativos, para convertirse en un importante valor de la sociedad de consumo”. Cuando habla de su estilo se decanta por la instantánea. “No soy un fotógrafo esteticista y estoy de acuerdo con Helmut Newton cuando decía que una foto de moda no debe parecerlo”. “Una foto debe estar viva y transmitir. Pueden suceder dos cosas, sacar guapa a la modelo, o bien tomarle una foto que no haya hecho nadie, yo prefiero lo segundo, aunque cuando recibo un encargo editorial, salvo que sea para un medio muy ‘indie’, intento que el personaje salga atractivo”. “Empecé a hacer moda gracias a una amiga, Rosa Orrantia, de Persuade. Con veinte años hice Margiela, Commes de Garçons e Issey Miyake, sin tener ni idea de lo que era la moda, ni pretender fotografiarla como tal”. “Ahora un 50% de mi producción son retratos editoriales, entre dominicales y prensa femenina, un 30% fotografía publicitaria y un 20%, encargos directos, que antes desdeñaba. Cada vez me gusta más este tipo de trabajo porque es un enigma”.