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Ángel Mateo Charris, Cercanía irreal

Angel Mateo Charris plantea con su arte situaciones irreales pero al mismo tiempo cercanas. Son cuadros muy singulares, reflexionados, repletos de simbolismo, color y sutiles pinceladas de humor irónico. Bienvenidos al universo Charris

Ángel Mateo Charris, Cercanía irreal

Libre de etiquetas, así es la obra de Ángel Mateo Charris. Un arte que cabalga sin ataduras, con total autonomía y que desemboca en cuadros muy singulares, reflexionados, repletos de simbolismo, color y sutiles pinceladas de humor irónico. En el universo Charris, todo es posible.
Aunque a Charris se le relaciona inevitablemente con Hopper, lo cierto es que, en general, emplea como referentes a artistas figurativos de cualquier época, no sólo pintores, sino también a ilustradores, dibujantes de cómic, fotógrafos o cineastas, creadores que utilizan una imagen congelada para contar una historia: “Vallotton, Spilliaert, Rockwell Kent, Claudio de Lorena, Disney, Kippenberger, Nordstrom, David Lynch o Edward ­Ruscha. En general me gustan los tipos raros que se crean su propio mundo un poco al margen de los caprichos de la moda, que escogen sus propias influencias sin utilizar los dictados de ningún gurú”. A la hora de preparar cada pieza, Charris se deja llevar bastante por la intuición y asegura que le resulta tremendamente útil el uso de la tecnología al emprender las primeras fases del trabajo, “ya sea la fotografía, la base de datos o el Photoshop, y me permite realizar infinitas variaciones en los bocetos, cambios a mitad de obra, etc. Cuando he realizado un adelanto bastante aproximado de lo que quiero, un bosquejo de píxeles, intento que toda esa tecnología desaparezca bajo las capas de óleo”.
“Rabinos, cannolis y puertos” es el pasado más reciente de Charris. Con un estilo inconfundible, una vez más nos transporta con este conjunto de pinturas a un mundo irreal pero cercano, con referencias a la ­historia del arte pero con una clara impronta contemporánea. “Todo parte de los puertos a los que quería homenajear como punto referente de mi trayectoria vital, y con ellos todos esos anónimos espacios de tránsito (estaciones, aeropuertos, etc.) que siempre me han interesado. Y al jugar con títulos y casualidades fonéticas acabé viajando del pragmatismo a lo paradójico, de la mano del azar. Me gusta que la propia dinámica del trabajo me lleve a sitios que no tenía previstos”. Sobre una inmensa gama de tonos azules, los misteriosos personajes que dibuja Charris se pasean por paisajes portuarios, codeándose con la simbología que invade sus obras, “siempre veo las cosas con relación a otras. En esa tremenda pecera de la memoria casi todos los peces son familia. Así que los referentes vendrían a ser como otro color más en la paleta”. Estas referencias cinematográficas o literarias que se convierten inevitablemente en un inteligente guiño para el observador, brotan de una manera espontánea como resultado de su particular forma de ver el mundo. “Creo que cualquiera puede entender algunas de las capas de la obra, desde una mirada más de superficial hasta otra que se adentre más en contenidos o referentes. De todas formas lo que a mí me preocupa es que mis juguetes funcionen, yo los pongo en marcha: adónde se dirigen o a quién les interesa es una cosa que no puedo controlar”....
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www.charris.es