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architecture

Belleza cruda

El hormigón fue, hasta el principio de los años sesenta, un material generalmente utilizado como elemento estructural, oculto bajo paramentos más “nobles”. Hoy constituye parte importante del paisaje urbanístico de muchas ciudades y es el protagonista principal de emblemáticos edificios de todo el mundo.

Belleza cruda

La arquitectura del siglo XX se define por sus materiales. Acero, cristal y hormigón son la base esencial sobre la que se han asentado todas las fórmulas constructivas que hacen de la arquitectura contemporánea un caleidoscopio de formas y movimientos. Organicismo, metabolismo, postmodernidad, futurismo y todos los movimientos que jalonan el vertiginoso transcurso de la última centuria no hubieran sido posibles sin la revolución que introdujeron estos materiales, pobres en apariencia pero cuya naturaleza hace que cualquier idea emanada de la mesa de dibujo del arquitecto se convierta en volumen y espacio en la realidad. Entre ellos, el hormigón es quizás el más representativo por su aspecto áspero y descarnado, por su reducido coste económico y presencia masiva. Eso no es óbice para que las sinuosas formas del edificio Guggenheim de Nueva York de Wright o el juego de planos y perspectivas con los que Rietveld y Aldo van Eyck diseñaron el Pabellón de Esculturas del parque Sonsbeek, en Arnhem, hubieran sido imposibles sin su existencia. Este material emparentado lejanamente con el opus caementicium romano comenzó a ser utilizado industrialmente en la segunda mitad del siglo XIX unido a la aparición de avances como el cemento Portland; tiempo en el que se multiplican las patentes y el frenesí constructivo derivado del crecimiento de las ciudades y las sociedades industriales. Esa es la historia que recoge el periodista e historiador de arte Philip Jodidio que en su obra '100 Edificios de Hormigón Contemporáneos' revisa el desarrollo y las últimas aportaciones que arquitectos como Zaha Hadid, el grupo ruso Speech o Rudy Ricciotti han realizado al desarrollo de este tipo de arquitectura en las últimas décadas. Este material generalmente utilizado como elemento estructural, oculto bajo paramentos más “nobles” fue redescubierto por los Smithson en el filo de los primeros sesenta. Tiempo de cambios sociales y consumo de masas, de revolución cultural y televisión, Alinson y Peter Smithson exploraron las posibilidades expresivas del hormigón, buscando la lírica en el material desnudo, en la severidad descarnada del hormigón como antes habían apuntado precozmente Le Corbusier en su 'Unite d´habitation y Saarinem' en la Central de Vuelos TWA. Esa arquitectura de espacios rotundos, aristas contundentes y sobrecogedora monumentalidad fue un intento de respuesta al agotamiento cada vez más evidente del funcionalismo del estilo internacional que había dominado la Posguerra y los cincuenta. Su 'Robin Hood Gardens' en Londres fue el paradigma de esa arquitectura de parabólicas envolventes, horizontes diáfanos y masas que respondían a la métrica inexacta de una sociedad ideal. Ese es el punto de partida, la base sobre la que arquitectos tan diversos como Richard Meier o el Estudio Urbana han desarrollado las posibilidades constructivas y artísticas del hormigón. La selección de obras elaborada por Philip Jodidio incluye un amplio catalogo de espacios en los que el hormigón es el protagonista absoluto como el Centro de Arte Contemporáneo de Córdoba de Nieto Sobejano o la 'Casa Venice' del Estudio Why. Son obras en las que se plasma la rotundidad de la geometría, la integración de estos colosos grises en su entorno y la imaginación con la que los arquitectos dan respuesta a la dicotomía entre la funcionalidad del edificio y su concepción artística, como por ejemplo se puede comprobar en la fascinante 'Casa Ventura' en Monterrey de Tatiana Bilbao. Exponentes del refinamiento y la calidad táctil que ha alcanzado esta arquitectura visible en todas las ciudades occidentales en todo tipo de edificios, desde casas particulares a grandes infraestructuras públicas. En todos ellos la belleza cruda del hormigón en las fachadas o el acabado brillante que ofrece en los pavimentos pulidos ha abierto la puerta a una arquitectura que ha recuperado la fortaleza expresiva de los materiales básicos.