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art

Conversación íntima con Pablo Abraira

Revolviendo en la memoria del pasado nos encontramos con sonidos evocadores, bandas sonoras de una vida pasada. Pablo Abraira es dueño de muchos fragmentos musicales inolvidables. En una conversación íntima conocemos el destino de este artista.

Conversación íntima con Pablo Abraira

El día está lluvioso, otra vez. Inmerso en la primavera incipiente (climatológica, quizá también vital) pienso en la ley del reflejo condicional. Aquella que plantea que un estímulo provoca una reacción. Ya saben, el conductismo.
Probablemente, el experimento más popular de la teoría conductista sea el que Iván Paulov realizó con unos canes. Durante un periodo determinado hizo sonar una campanilla (realmente fue un metrónomo a cien golpes por minuto) justo antes de echarles la comida. Después tañó la campanilla (metrónomo) sin echarles la comida, pero los perros salivaron igualmente.
Puede que ustedes se pregunten a qué viene esta introducción un tanto estrafalaria. Yo debo justificarla diciendo que observo cierto paralelismo, si no una semejanza completa, con situaciones cotidianas de la vida. Por ejemplo, afirmando que cuando un olor conocido llega de repente a nuestra nariz, este es capaz de despertar un estado de ánimo intenso de alegría, de arrobo, de nostalgia o de tristeza, miedo, etcétera.
Pero no es algo exclusivo del olfato, sucede con todos los sentidos y por lo tanto también con la música. Hay canciones, grupos, cantantes, que escuchándolos despiertan en nosotros un río de sentimientos. Y los ríos, ya se sabe, pueden ser de aguas bravas, de aguas serenas, de enormes caudales o pequeños arroyuelos cristalinos recién nacidos en el manantial cercano.
Probablemente, navegando sobre esos caudales, cada uno de nosotros va componiendo a lo largo de los años la banda sonora de su vida con aquellas melodías que le han acompañado en los momentos de más intensidad.
No es necesario cargar con ella en un casette (esto ya es antediluviano), en un cedé (ya casi antediluviano), en un IPod, en un IPad, en una tableta. La banda sonora suena en nuestra cabeza, las letras nos picotean el cerebro paralelamente al desarrollo de nuestra cotidianidad y nos sorprendemos a veces canturreando en voz alta.
A mí esto me ha pasado siempre con Pablo Abraira. Hay frases musicales, fragmentos de letra, que me acompañan de forma permanente. Una de ellas es «Quién tiene un duro de amor para prestármelo, quien me da fuego o mejor quién puede dármelo» otra de las habituales suele ser «Mañana será treinta de febrero y tú vendrás a hacerme compañía…» para acabar la canción diciendo «Mañana será treinta de febrero para mi». Cuántas veces «Lagrimas blancas resbalan por tu piel, estás llorando sin querer» o «Pobre tonto, ingenuo charlatán, que fui paloma por querer ser gavilán».
Cada poco ha habido un momento en que una de esas canciones ha formado parte de mi escenario vital, banda sonora de algo que viví o que aún vivo.
Esto fue lo que provocó, al toparme por azar en el espacio cibernético con una referencia al cantante que volvía desde el fondo del tiempo, un impulso: enviarle un mensaje proponiéndole (seguramente proponiéndome a mi mismo) un reencuentro con una parte importante de la banda sonora de mi vida.
Realmente, pensé que no me respondería. La sorpresa fue que lo hizo rápidamente y en positivo. Me alegró mucho porque en esta ocasión había un ser humano detrás del cartón piedra que suele rodear a los artistas.
No puedo ocultar la fascinación que últimamente me asalta por la tendencia a la desaparición que a lo largo de los tiempos, y aún ahora, ha seducido a algunos artistas. Músicos, pintores, escritores, actores, etcétera, que en el momento cumbre de su carrera han decidido «desaparecer», y si no una desaparición total, al menos un retorno al arte más interior e intimista con el público, un poco más tête à tête.
Este retiro también se da en el caso de Pablo Abraira. Hizo cumbre total y en un momento determinado despareció de los medios de comunicación de masas, ¿por qué? Esto me intrigaba.
Quedamos en mantener una conversación para resolver estas cuestiones, y poco a poco, fuimos saltando vallas hasta llegar a la meta. Aquí queda el registro: (Sigue en PDF).