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Rubén Talón

Rubén Talón es uno de los mejores concertistas de su generación. Un pianista capaz de hacer suya cada composición, de encontrar ideas nuevas en las partituras de los grandes compositores, de hacer de la música un emocionante viaje.

Rubén Talón

Se apagan las luces y un foco se centra sobre el piano. Aplausos. El silencio, un silencio absoluto se apodera de la platea mientras Rubén Talón aborda las primeras notas, los primeros compases de su recital. Obras de Beethoven, Chopin y Manuel de Falla. Un repertorio valiente y arriesgado para cualquier concertista. Rubén sólo tiene veintiocho años. Una hora después, una tormenta cargada de virtuosismo y emoción ha transformado el auditorio, que se encuentra bajo el hechizo de un intérprete que, pese a su juventud, muestra una personalidad y una madurez al abordar cada composición que sobrecoge. La música, como cualquier expresión artística, es pura emoción y eso fue lo que pudo experimentar el público que llenó el Teatro Marquina de Madrid. La estruendosa ovación final cerró una vibrante travesía musical que artista y público compartieron con la pasión de las cosas que no tienen precio, esos intangibles como la felicidad que todavía, afortunadamente, no se venden ni se compran. Alberto Closas, dueño del Teatro Marquina lo expresó perfectamente: “Llevo toda la vida trabajando pero no había visto un silencio semejante. Aplaudir todo el mundo sabe, pero guardar un silencio tan profundo, escuchar con esa atención, jamás lo había visto”.
Cuando se habla de Rubén Talón se podría hablar de su virtuosísimo natural, de un niño que sin llegar a las treinta horas de clase fue capaz de superar el examen de quinto de piano con matricula de honor; de su larga lista de premios internacionales; de un adolescente de férrea voluntad que antes de ir al colegio se levantaba de madrugada para ensayar; de las interminables horas en la soledad del estudio recorriendo pentagramas bajo la implacable tutela del metrónomo; del primer pianista español que ha sido admitido en la Accademia Pianistica Internazionale Incontri col Maestro di Imola, considerada la más prestigiosa del mundo; sin embargo, Rubén Talón es un artista que va todavía más allá, que trasciende la técnica para entrar en ese campo, solo al alcance de los grandes interpretes, de la creación; ese momento único que transforma el ánimo del público. Un objetivo que guía sus pasos como él explica: “Creo que la clave está en ser capaz de transmitir la emoción que inspira cada composición, para ello uno tiene que emocionarse como él querría que se emocionase el publico. Cuando se dice algo que no se siente, se nota, en el escenario pasa lo mismo, por eso llegar a superar el virtuosismo, dejarte influenciar por las emociones que esconde cada pieza, que es lo más difícil, es mi objetivo”. Un propósito que logra en cada concierto, como se ha podido comprobar en los recitales de Valencia, León y en cualquier auditorio en el que ha tenido la oportunidad de actuar. De hecho, es, según la critica un “animal de los escenarios”, un pianista especialmente dotado para el directo. Un reto ante el que muchos interpretes encuentran insuperables dificultades. Rubén ha encontrado su medio ideal, su territorio artístico, en las tablas: “Creo que la magia de un concierto es algo tremendamente especial, es algo que no se puede reproducir en las grabaciones. Pienso que incluso la actitud de un interprete delante de una cámara o un equipo de grabación no es la misma que tienes delante de un escenario. Las sensaciones cuando sales al escenario y sabes que es tu hora y ha llegado tu momento. El público te está esperando y desde el preciso momento en que entras, algo cambia dentro de ti, por lo que el mensaje que vas a dar es irremediablemente diferente”. Esta vocación concertista, posiblemente, hace que pueda encarar el desafío de incluir repertorios muy populares, como pueden ser las Mazurcas de Chopín o la archiconocida sonata Claro de Luna de Bethoveen, sin miedo a ser comparado con los grandes maestros. Esa es quizás la máxima expresión del talento de Rubén Talón: su capacidad para hacer suyas las piezas, para interpretarlas con su temperamento, su sensibilidad y su forma de sentir la música. Esa personalidad es la que lo hace tan diferente, tan emotivo. En este nivel de excelencia no se trata de si es mejor o peor que otros grandes interpretes, sino de si un artista es capaz de encontrar ideas nuevas, de ser original, de imprimir a cada pieza su sello personal. Rubén lo consigue. Algo que es extremadamente difícil en el mundo de la música clásica según los expertos. “El repertorio siempre lo elijo yo, seleccionando las obras que creo que son las más oportunas en cada momento, que se adaptan mejor a la atmósfera que quiero crear; eso es lo más importante, de hecho suelo tocar composiciones que no me venían del todo cómodas. Uno de mis profesores en Italia me dijo que tenía facilidad para tocar un determinado tipo de compositores, pero que, si quería aprender, tenía que tocar las que me fuesen más incomodas. Tenía toda la razón, para crecer como músico hay que evitar el camino fácil. Gracias a ese esfuerzo, ahora puedo ofrecer al público un programa muy competo con obras que, cuando las toco, en cierta forma, las hago diferentes porque las he hecho mías” recalca.
Esta forma de sentir y comprender la música tiene un trasfondo humanista que ha hecho que Rubén Talón haya sido elegido por su talento y los valores éticos que encarna, como la tenacidad y la humildad, como embajador de instituciones con una importante proyección social como la Fundación Promete o el Grupo Zriser. Ese compromiso con la sociedad se materializa en una incipiente labor docente, en masterclass que, pese al poco tiempo de que dispone, trata de llevar a cabo siempre que puede: “Me gustaría formar talentos, creo que es bueno compartir mi experiencia y mi conocimiento con otros músicos, Tengo mucho respeto por la labor de los docentes que entraña mucha responsabilidad. Para mí es muy bonito ayudar a los chicos a descubrir el potencial que tienen. Estoy convencido de que todos tienen talento, en mis clases les invitó a que se paren a reflexionar, a que se planteen que quieren conseguir. Todos tenemos un don, un talento que hay que desarrollar. Eso para mí es lo que hace que la sociedad mejore realmente, sin talento no hay futuro”.