Logo SPEND IN
Twitter Instagram Pinterest Facebook

 
 
 
PDF Version

instruction

Cómics & Historietas
Iron Man

En 1979, a mis catorce años, escuché una canción que me hizo reflexionar hasta alcanzar dos certidumbres: lo cambiante que era el mundo en el que me había tocado vivir y que el vídeo había matado a la estrella de la radio.

Cómics & Historietas

Sí, correcto, lo han adivinado: se trataba de aquella melodía pegadiza que cantaron los Buggles, Video killed the radio star. Aquel grupo que con su indumentaria de plástico, en la que destacaban unas gafas de sol especialmente galácticas, y una gangosa voz que parecía salir de la trompa de un gramófono, anunciaba la muerte de la radio y de sus voces estelares como consecuencia de la aparición del vídeo, de las imágenes en movimiento, que ellos suponían mucho más seductoras que la simple voz a través de las ondas.
Ahora, en 2013, a mis cuarenta y ocho tacos “ya ves tú, igual sigo de flaco, igual de calavera…” -lo entrecomillado es lo que canta Sabina en su Blues de lo que pasa en mi escalera-, veo con la perspectiva del tiempo que los Buggles se equivocaron en sus predicciones, desmantelando, por lo tanto, la segunda de las certezas que yo adquirí con su canción. No hay que culparles: la lógica de aquellos años les llevaba a pensar que ante unas imágenes en movimiento todo lo demás desaparecería por el sumidero.
No solamente se ha vaticinado la muerte de la radio, también, de tanto en tanto, se especula con la muerte de los libros. Ya hace mucho tiempo que se ha augurado su desaparición. A veces, cuando escucho esto, veo en mi imaginación una secuencia del mundo futuro parecida a la escena final de El Planeta de los Simios: Charlton Heston encontrando un libro semienterrado junto a la también semienterrada Es tatua de la Libertad. Pero, afortunadamente, esto no ha sucedido de momento y ahí siguen los libros entre nosotros. Y ya que hablamos de libros, extrapolemos estos vaticinios, aunque pueda parecer un poco forzado, al arte en general.
Puede que en tiempos de crisis el arte se resienta, puede que no sea el arte lo que se resiente, sino el comercio que hay alrededor del arte. Sea como fuere, lo cierto es que desde las pinturas prehistóricas el ser humano ha ido representado de una forma u otra sus mitos y sus ritos. Quizá podríamos decir que en el mundo de las artes “nada se crea ni se destruye, simplemente se transforma”.
Tampoco el cómic se ha librado de los agoreros anunciadores de su fin. Sin embargo, aquí está más vivo que nunca. Los cómics nos dejan claro cómo el individuo no está dispuesto a dejar de dibujar, desde que empezara a hacerlo en la grutas, todo aquello que le impacta, que le preocupa, que teme, que idolatra, que quiere conservar por encima de todo: es una forma de expresión al fin y al cabo.
Los antiguos egipcios pintaron sus mitos sobre papiro en escenas y viñetas, los romanos esculpieron tiras con historias en sus columnas conmemorativas como la de Trajano o Marco Aurelio, los constructores de catedrales medievales dejaron historias que aparecen pintadas o esculpidas en secuencias en los templos, y un larguísimo etcétera.
El cómic o la historieta nos han acompañado a la generación actual desde la más tierna infancia. Probablemente muchos de los que ahora estamos cerca del medio siglo hemos tenido como primera lectura independiente al entrañable TBO que compraba (en mi caso) la abuela en el quiosco y que con su delirante colorido rojizo, amarillento, anaranjado, verdoso ya nos hacía segregar imaginación y creatividad viendo mucho más de lo que venía dibujado.
O más tarde los Héroes de Marvel: el Capitán América, Spiderman, la Visión, la Cosa, la Masa, el Motorista Fantasma, Thor con su martillo, hijo de Odín y dios del trueno… Estudiábamos, como si fuéramos agentes de la Unidad de Analisis de Conducta del FBI de Quantico, todos sus poderes y sus debilidades, sus filias y sus fobias, y nos acelerábamos a la hora de salir al recreo por ver quién de ellos nos tocaba ser en el sorteo para el juego de ese día. Coleccionábamos todos los fascículos posibles e intercambiábamos cromos repetidos. (Sigue en PDF)
+ information
www.estudiofenix.com