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Me casé con un boludo
 

Me casé con un boludo

De siempre y antes de asistir a la representación de una comedia, ya en su vertiente teatral, ya en su formato cinematográfico, mantengo una actitud cauta y de mucha reserva, pues, en mi opinión, cuánto más fácil resulta conmover hasta las lágrimas que arrancar una carcajada.
Y si la comedia viene precedida por el reclamo de que, hasta el momento, la han visto un desmesurado número de espectadores, más pesimistas son mis expectativas de que merezca la pena el precio de la entrada y el tiempo empleado en contemplarla.
Así no ha sido con “Me casé con un boludo”, la última película del argentino Juan Taratuto quien, contando con un espléndido plantel de actores –en especial, los protagonistas Adrián Suar y Valeria Bertucelli, sin olvidar a algún secundario como Norman Briski-, ha sabido componer una comedia romántica, heredera de los mejores clásicos de la época dorada de Hollywood e, incluso inspirada en alguno de sus planteamientos por ciertos lances del teatro clásico, tanto español como francés.
Las tretas ingeniadas por un prestigioso actor para salvar su matrimonio con una actriz de segunda fila, no arrancan la carcajada, pero agradan y entretienen al espectador en un juego de engaños, equívocos y apariencias muy propio del mejor Marivaux.
Es de agradecer que, en tiempos donde la sal gorda parece dominar el género de la comedia –muy en especial, en España, así como en Estados Unidos-, haya directores que, armados con un inteligente guión, sepan dibujar una sonrisa en el espectador al tiempo que mantienen un ritmo que, durante los 110 minutos de duración del film, no consienten que decaiga la atención y la intriga de aquel por conocer de qué modo se resolverá el enredo.
Y desearía concluir diciendo que esta película que encarecidamente les recomiendo no precisa de la publicidad de astronómicas sumas de dinero invertidas en su realización como tampoco de hermosos cuerpos que luzcan su armoniosa desnudez.
La película “Me casé con un boludo” derrocha ingenio, humor y sensibilidad. Para mí, algo más que suficiente.
 
   
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