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La sastrería es un arte que saca a relucir la exclusividad, la originalidad, la precisión y la elegancia en sus obras, prendas de vestir únicas de la que el traje es el principal figura. Nos reunimos con el artista, EL SASTRE GORE GÓMEZ, para hablar de los entresijos de esta apasionante profesión.

Gore Gómez

Gore Gómez

No me gustaba estudiar, pero sí la sastrería". Así empieza la charla con Gore Gómez, el sastre que situó Torrevieja en el mapa del estilo y el buen vestir. Él era el claro "hereu" de la tradición familiar. Gore, Gregorio, heredó el nombre y la profesión de su padre, y a su vez de su abuelo, que ya era sastre. Tras toda una vida dedicándose a diseñar y adaptar prendas al cuerpo del hombre, su visión acerca del sector de la moda en España es clave. Él aprendió el oficio con maestros como Miguel Freixes Melero, y posteriormente, Manolo Liguri, "que entonces era el más moderno, en contacto con la sociedad joven catalana". Al frente de la sastrería familiar, Gore vio la oportunidad de crecer en más direcciones: "ya no sólo era la confección a medida. En Barcelona, que en esa época era el núcleo de la moda, empezaba a despuntar en net-a-porter. Además de la labor de la sastrería, era el momento de abrir una tienda multimarca, pero fue difícil porque Torrevieja era un pueblo". En los años 60, en ese pueblo, como en todos los de la costa mediterránea, la gente se arreglaba para salir por la tarde a pasear. "Por aquel entonces", recuerda el sastre, "aquí se confeccionaban 1500 trajes a medida". Retroceder en el tiempo es un sano ejercicio de nostalgia, pero en este nuevo siglo, lo revolucionario es llevar un traje a medida. Gore es muy consciente de ello. "La ilusión de que esa moda vuelva es una visión que hemos tenido todos, el problema es el aprendizaje". Antes de empezar a trabajar, un sastre debe formarse durante muchos años, y como él recalca, "hace falta mucha vocación: son años de estudio y dedicación con muy pocos ingresos a cambio". Sus cuatro hijos han cogido el testigo de las tiendas multimarca, que ya son siete por toda la costa. De ellos, ninguno ha querido ser sastre, pero la esperanza de Gore recae ahora en un nuevo fichaje. "Encontré a un chico joven que tiene cualidades y mucha ilusión para seguir con mi trabajo. Ha estado en Barcelona aprendiendo de un sastre que todavía trabaja ahí y vamos a hacer todo lo posible para que la sastrería siga en funcionamiento". Su trabajo actual gira en torno a los encargos especializados: bodas, arreglos para cuerpos exigentes... El vestir de diario Gore se lo cede a la industria, y lo contempla en sus tiendas. "El pret-a-porter tiene una ventaja. Tú ves el traje ya terminado y si te lo pruebas y te gusta: bien, sino lo dejas en la percha. La sastrería sin embargo trata de confianza en la maestría del sastre, y en el resultado final; y paciencia, porque es un proceso de elaboración artesanal en el que hace falta más tiempo.
Como venimos defendiendo en 'SPEND IN MAGAZINE', la sastrería da la oportunidad de diferenciarse a través del traje, de portar una chaqueta con un talle único, o un pantalón hecho por un artista. Gore nos asegura que eso no va a desaparecer. "Quedarán personas en el mundo para que este arte esté dignificado, y habrá un público que lo valore, pero tienen que darse unas circunstancias". Esas circunstancias son económicas, y culturales, y se dan en Nápoles o en Londres. "Fuera de estos casos no va a ser fácil. Hay que saber transmitir el valor de un traje a medida cómodo y flexible, de una chaqueta descargada y liviana". A la tiendamultimarca le augura algo similar, "cada vez se tiene que especializar más, elegir una línea de mucha calidad, y la que permanecerá será la que se apoye en el criterio del profesional que la lleva. Esa personalidad te permite diferenciarte de la competencia". Lo que diferencia a Gore Gómez es su carácter, su esencia, su ilusión. Las palabras de su padre todavía resuenan en él: "no olvides que una profesión siempre te ayudará a ver pasar la miseria por delante de la puerta de tu casa y no entrará". Lo que quería decir es "no dejes de ser sastre". Él añade ilusión a la fórmula; "sin ilusión no se hace nada, yo sigo teniendo la misma que cuando tenía 30 años, lo que pasa es que me sobran 50".