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Conde Christian Graf Zu Stolberg-Stolberg

EL CONDE CHRISTIAN GRAF ZU STOLBERG-STOLBERG, TATARANIETO DE ISABEL DE BABIERA, MÁS CONOCIDA COMO “SISSI” Y DEL EMPERADOR FRANCISCO JOSÉ I DE AUSTRIA, ES UN HOMBRE DE MUNDO QUE NO HA PERDIDO SU ESENCIA. UN HOMBRE QUE CONSERVA LA ILUSIÓN POR LAS COSAS IMPORTANTES DE LA VIDA COMO UN DÍA SOLEADO, UNA BUENA CONVERSACIÓN… QUIZÁS AL HABERSE CRIADO EN LA NATURALEZA, SE ENAMORÓ DE SUS ENCANTOS Y YA NO PUDO VIVIR SIN ELLA. ES UN HOMBRE INTERESANTE, CULTO, EDUCADO, DIVERTIDO Y CON UN GRAN SENTIDO DEL HUMOR. A PESAR DE SU LINAJE, ES UNA PERSONA SENCILLA Y CERCANA QUE NOS RECIBE DESENFADADAMENTE EN EL HISTÓRICO PABELLÓN DE CAZA DE SU FAMILIA, SU ACTUAL HOGAR.

Conde Christian Graf Zu Stolberg-Stolberg: El aristócrata de las nieves

Educado como el común de los mortales -un “regalo” que agradece infinitamente a sus progenitores-, descubrió por casualidad que pertenecía a la aristocracia y en particular a la familia de los Habsburgo, “estaba paseando con mi abuela en un parque de Hall, una pequeña ciudad cercana a Innsbruck cuando la gente comenzó a hacer reverencias, a quitarse el sombrero a su paso y a llamarla alteza.”, pero aún sin saberlo su infancia estuvo marcada por la impronta de la antigua familia imperial.
Creció con sus dos hermanos en el castillo que la princesa Marie Valerie había recibido de su padre, el emperador Francisco José, y que más tarde regaló a su hija Hedwig por su boda con el conde Stolberg, un oficial de los cazadores del emperador. El castillo había ganado sus letras de nobleza como pabellón de caza durante siglos, en particular durante los reinados de los emperadores Maximiliano y el propio Francisco José, antes de que su padre, “una persona visionaria”, convirtiera parte de la casa en un hotel para ­esquiadores.
Alejado del mundanal ruido en el retirado ­Kuhtai, literalmente el “valle de las vacas”, el conde Christian tuvo una infancia feliz: “Mis mejores recuerdos de la infancia son de Kühtai. Son los más hermosos. Diariamente convivía con las montañas, las vacas, con la naturaleza. No olvidaré nunca esas excursiones… Como vivíamos en plena naturaleza, no había muchos niños. Los niños con los que jugaba y me relacionaba eran los hijos de los huéspedes que, sin yo saberlo, eran los hijos de gran parte de la realeza europea. Corríamos,
jugábamos, nos pegábamos, salíamos con las mismas niñas… Ellos ahora son mis actuales huéspedes y amigos que vienen a mi casa a disfrutar con sus familias”. También realizó aquí sus primeros estudios, con profesores particulares, antes de ser enviado a un internado y más tarde realizar estudios de turismo y hosteleria. “De aquella época tengo muy buenos recuerdos. Yo quería trabajar pero no me gustaba estudiar. Durante los dos años qu estuve en la escuela de hostelería aprendí trabajando. Allí conocí a una chica muy guapa de la que me enamoré. Ella fue la causante de que me fuera a vivir a Hamburgo”. En esa misma Escuela de Hostelería tuvo la ocasión de conocer al hijo de otro aristócrata hotelero, Alfonso de Hohenlohe, “a través de él conocí a su padre y durante años frecuenté el Marbella Club. Me encanta ­Marbella”.
Durante los veinte años que residió en ­Hamburgo, primero trabajando en el prestigioso hotel Kempinski y más tarde como delegado comercial de economía de Austria, se aficionó a jugar al hockey sobre hierba, su auténtica pasión, y un deporte que sigue practicando con sus antiguos amigos, “también fundé un club de tenis que se llama “Ascot”. La idea era reunirnos los amigos de diferentes nacionalidades, alemanes, españoles, ingleses, daneses…, con la excusa de jugar una copa cada año en cada país. Este año pasado fue en Montecarlo, hasta el príncipe Alberto de Mónaco participó.”...