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Erika Mayoral

"HAY QUE SABER QUÉ SE PUEDE VENDER Y QUÉ NO, AL FINAL EL BUEN DISEÑADOR ES EL QUE PUEDE CAPTAR LO QUE SE LLEVA EN LA CALLE"

Erika Mayoral. Despegando en la moda

Su odisea por el mundo de la moda empezó hace tres años, cuando emprendió sus estudios de Diseño de Moda en la Fundación San Valero y comenzó a hacer sus primeros bocetos. Hoy, con veintitrés años, las puertas de la industria se le abren. Hace unos meses Erika Mayoral presentó su proyecto de fin de estudios: los resultados de una innovadora investigación sobre ropa de montaña provista de un sistema de calentamiento natural, “viable según químicos de la Universidad de Zaragoza, y que podría llevar a cabo con la ayuda de la Fundación”. Además, su nombre se encuentra entre los ocho finalistas del concurso convocado por Expo Zaragoza 2008 para el diseño de los uniformes del personal de la exposición. “Haber llegado hasta aquí es un gran paso”. Pero su relación con la Expo no termina aquí. Erika diseña a través de DT Aragón los artículos de merchandising que se venderán durante la muestra: sandalias, botellas para ciclistas, mochilas-nevera y parasoles. Hasta esta empresa aragonesa llegaría hace unos meses movida por la ilusión de comercializar su propia marca de moda, con “prendas atrevidas, juveniles, con el predominio de los colores negro, blanco y rojo”, como los vestidos que conformaban la colección “Lágrimas Sucias”, con la que quedó segunda en la quinta edición del concurso Jóvenes Diseñadores de Zaragoza, e inspirada en la canción homónima compuesta por ella misma. “La música es mi otra pasión, aunque ahora la tengo un poco aparcada por el diseño”. Sobre la situación del sector de la moda en Aragón afirma que “se van recibiendo ayudas pero todo es poco, es difícil salir adelante en este tipo de profesión, y soy consciente de que probablemente tenga que salir fuera para seguir aprendiendo”. Como ya lo hizo durante sus estudios, acompañando al diseñador Fernando Lemoniez durante la preparación de su colección para Cibeles 2006. “Me enseñó a cortar los tejidos, y fue sin duda una experiencia muy enriquecedora”. Ahora, con su propia marca en camino, Erika se enfrenta con ilusión a un difícil sector en el que “hay que saber qué se puede vender y qué no, al final el buen diseñador es el que sabe captar lo que se lleva en la calle”.