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Manolo Santana

MANOLO SANTANA NOS RECIBE CON LOS BRAZOS ABIERTOS EN EL CLUB DE TENIS DE PUENTE ROMANO (MARBELLA), DONDE TRABAJA ACTUALMENTE COMO ASESOR DEPORTIVO. SONRISA PERENNE Y ESPÍRITU DE CAMPEÓN. HAN PASADO LOS AÑOS, PERO HAY COSAS QUE NUNCA CAMBIAN.

Manolo Santana. El Pacto del Campeón

La conversación con Manolo Santana es agradable y distendida. Más aún de lo que imaginaba antes de encontrarme con él y de saber de su carácter afable. De toda la charla, me quedo con una sensación por encima de las demás: Su maravilloso optimismo, el entusiasmo contagioso que se desprende de sus palabras y sus gestos, que es probablemente lo que le convierte en un tipo tan brillante.
Como todos los grandes, es humilde y prefiere no auto adularse, sin embargo es muy consciente de que es parte importante de la historia de este país, que en un tiempo fue héroe y que gracias a él, el tenis es hoy un deporte con mayúsculas que hace posible que gente como Rafa Nadal brille con luz propia en el firmamento deportivo mundial, “siempre digo que Manolo Santana tiene un pacto con el tenis. Este deporte me ha dado todo lo que tengo, pero yo le he dado a él muchas cosas”.
Santana confiesa que siempre supo que quería dedicarse al tenis, pero recibió “la llamada” definitiva cuando contaba con 14 años y trabajaba en el Club de Tenis Velázquez de Madrid recogiendo pelotas, “me encantaba las sensación de tener una raqueta en la mano y jugar. Supe que no quería dedicarme a ninguna otra cosa más, y afortunadamente acerté”. En aquel momento murió su padre, y la familia Romero-Girón, socia del club, quiso acogerle en su casa para aliviar de responsabilidad a su madre, que había quedado viuda, a cargo de cuatro hijos y con pocos posibles. La vida de Manolo cambió entonces radicalmente, se trasladó a vivir al barrio de Salamanca, comenzó a recibir prestigiosas clases particulares y emprendió su idilio de por vida con el tenis.
Los comienzos no son fáciles para nadie, pero especialmente difíciles debieron ser para Manolo Santana, que quiso triunfar en un deporte prácticamente desconocido, minoritario, en una España que no brillaba por su modernidad sino por todo lo contrario. Pero nunca perdió la ilusión, “está claro que para poder conseguir los objetivos que te planteas en un momento determinado de tu vida, hay que dedicar muchas horas, ilusión y empeño. Sino, con toda seguridad no llegas a conseguir tus propósitos. Igual que un arquitecto quiere tener un edificio emblemático, un cirujano una operación extraordinaria o un abogado un caso dificilísimo para mí con el tenis es igual. Sólo depende de lo que cada uno se marque”. Por eso, su triunfo en Wimbledon es el momento de su vida deportiva que recuerda con más cariño, “en aquella época España no sabía apenas lo que era el tenis, era un deporte de minorías, no estaba divulgado. Poco a poco me fui abriendo camino en los grandes torneos, pero mi objetivo era ganar Wimbledon y lo conseguí después de seis años de intentos”. Por supuesto, como es sabido por todos nuestros lectores, no fue el único de sus triunfos, porque en su palmarés apenas cabe un alfiler. Entre otras cosas, fue dos veces campeón de Ronald Garros, una de Forest Hill y en 1966 Wimbeldon. Además cuenta con el reconocimiento de ser el primer europeo continental en ganar sobre hierba.
Pertenece a esa estirpe de superhombres que, con pocos medios, pasearon la bandera de España allende los mares, demostrando al mundo que aquí también había buenos deportistas de élite, “fuimos una generación especial, Paquito Fernández Ochoa en el esquí, Ángel Nieto en las motos, Severiano Ballesteros en el golf… fuimos pioneros, impulsando cada uno su deporte”. Y eso es un orgullo del que no muchos pueden presumir, “sé que gracias a mi el tenis es hoy un deporte popular, que he aportado mi granito de arena para que hoy pueda haber grandes tenistas y exista el fenómeno Nadal, que es una maravilla. Para mi es una satisfacción enorme”. ¿Qué siente cuando ve ganar a Rafa Nadal? -le pregunto- ¡una envidia enorme!, me responde: “Envidia sana, por supuesto, porque le tengo mucho cariño, le quiero mucho. Y le sigo a todas partes, en parte por mi trabajo y sobre todo porque disfruto mucho viendole jugar”. (...) Sigue en pdf