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Árbitros de la elegancia

"NADA QUE VER CON ALGUIEN SIMPLEMENTE ELEGANTE, EL DANDI ES ALGO MÁS. SU ELEGANCIA ES POR SUPUESTA, NADIE LA DISCUTE"

Árbitros de la elegancia

Heme aquí entre almíbares, acogido por estas páginas que hubieran sido dignas del mismísimo Petronio, arbiter elegantiarum, de haber existido en la época de Nerón.
Petronio fue el árbitro de la elegancia de su época. Impuso modas, pero las modas pasaron y él no pasó nunca de moda, porque Petronio trascendió a la moda, fue más que la moda: fue «el estilo». Y en ese momento dejó de ser una persona a la moda para devenir en un personaje con estilo propio consiguiendo su pasaporte a la ­inmortalidad.
Hoy nuestra sociedad está trufada por infinitud de modas y ejércitos de gente que las sigue con fervor casi religioso; pero como sucedía ya en la Roma de Petronio, enseguida se diluyen entre las brumas de la mediocridad. Más difícil resulta encontrar a ese alguien que ha descubierto su style al margen de las corrientes, que lo ha ido construyendo poco a poco, puliéndolo sin que ese pulimento signifique una pérdida de frescura en el conjunto estético que presenta, diría mejor en el conjunto estético con que se nos presenta.
Si hemos hallado a alguien que tiene su propio carácter estético, podemos decir que nos hemos topado con un dandi, sea en su versión masculina o femenina. Nada que ver con alguien simplemente elegante, el dandi es algo más. Su elegancia es por supuesta, nadie la discute, va implícita en su dandismo, es un elemento más de su estilo. Su estética le aflora desde dentro.
Luis Antonio de Villena los define muy bien en su obra Corsarios de guante amarillo. No se puede escribir mejor, así que citaré textualmente algunas de sus consideraciones sobre los dandis.
De ellos dice que son «la oposición a todo lo que es común, apersonal o vulgar. De ahí que el dandi sea un aristócrata», y yo añadiré algo de mi parte aunque pudiera resultar atrevido: que cualquier persona que cumpla estas premisas, fundamentalmente el alejamiento de la vulgaridad, está dentro de esa aristocracia del estilo aunque no sea de sangre. Porque como continúa de Villena «el dandi postula la individualidad frente al gregarismo y la sociedad colectivizada que achata al individuo».
El dandi, hay que saberlo, no busca cambiar a nadie porque no es un revolucionario, sino que él mismo es el cambio en él y para él y con eso le basta. Es un rebelde impasible aunque voluntariamente «se acerca a los moldes de la más aristocrática cortesía china». Impasible frente a la vulgaridad, porque «al impasible nada le alcanza».

Que ustedes lo pasen bien.
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