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A sotavento
José Luis Galar

QUÍTENSE ESA NIEBLA DE SU VIDA COTIDIANA Y VERÁN COMO EL SOL VUELVE A BRILLAR, PORQUE ¿QUIÉN DIJO ALGUNA VEZ QUE VIVIR ES FÁCIL?

A sotavento

s imprescindible dar las gracias a esta casa de papel, Esencia de lo Esencial, por la hospitalidad de albergar mis escritos con solución de continuidad hasta que algún tipo de suerte (o de muerte, que, al fin y al cabo, como canta ­Sabina: la muerte es solo la suerte con una letra cambiada) nos separe.
Así que, si a ustedes les parece, comenzaremos juntos la singladura como una sola tripulación intentando convertir nuestra posición de sotavento en una ventaja y no en un inconveniente. Y es que no nos queda otro remedio si queremos salir con vida de este proceloso mar con un fuerte viento en contra. Un viento que va cargado de crisis económicas, crisis sociales, crisis de valores, crisis existenciales, crisis sentimentales, crisis de crisis y crisis al cubo, que generan una fuerte marejada.
Pero no todo está perdido. Maniobremos nuestras velas y nuestros aparejos con criterio, con el sentido común que en ocasiones es el menos común de los sentidos, con pericia, y soltemos el lastre que hace peligrar nuestra nave.
Vistamos nuestro neopreno vital para protegernos en nuestro entorno más inmediato de todo aquello y de todos aquellos cuya única aportación es arrojarnos murria encima como cubos de agua sucia: cenizos, envidiosos, profetas de la “grisalla”, clarividentes de nuestros desastres, nigromantes del “ya te decía yo”, protestadotes crónicos y universales, mediocres interesados en un río revuelto, gurús de lo ya sucedido, santones de porvenires indemostrables, francotiradores de la felicidad ajena ocultos en su propia mezquindad… Quítense esa niebla de su vida cotidiana y verán cómo el sol vuelve a brillar, porque ¿quién dijo alguna vez que vivir es fácil? ¿cuándo no hubo algún tipo de crisis personal, circunstancial o inducida por quienes nos quieren mal?
Sin embargo, es en esa dificultad y en el esfuerzo por superarla en donde nuestro espíritu se galvaniza, poco a poco, y se vuelve resistente.
La molicie física e intelectual no trae más que decadente indolencia que acaba generando miedos insuperables que nos incapacitan para afrontar la ración de dificultad que como seres humanos tenemos que digerir cada uno. Y con esos miedos inoculados en nuestro organismo es muy fácil ser manejados, dirigidos y estabulados por quienes nos brindan con grandes aspavientos una falsa protección contra esos virus, por ellos mismos generados en su laboratorio de Ingeniería del Miedo.
Es verdad que estamos expuestos a un fuerte sotavento, pero maniobremos con nuestro criterio hasta poner la nave a barlovento tomando distancia aristocrática frente a los ataques de esos vientos, porque dependiendo de dónde vienen no suponen sino un marchamo de distinción: verán que bien se sienten.
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