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Siempre hace lo que le viene en gana
Julio Cristellys

ADMIRO A LAS PERSONAS QUE, CON NATURALIDAD Y SIN ALARDES DE ORIGINALIDAD, VIVEN SU EXISTENCIA Y DECIDEN SUS DILEMAS SIN TEMOR A LA CENSURA

Siempre hace lo que le viene en gana

etesto las frases hechas, frases tales como “Fulano siempre ha hecho lo que le ha dado la gana” o “No siempre se puede hacer lo que uno quiere”.
Bueno, y ¿por qué no hemos de hacer lo que nos plazca?, pues si hay algo que estamos obligados a no hacer es lo querido por otros.
Admiro a las personas que, con naturalidad y sin alardes de originalidad, viven su existencia y deciden sus dilemas sin temor a la censura. Se las vitupera porque “siempre han hecho cuanto les ha venido en gana”, palabras enunciadas con un tono reprobatorio especialmente cuando fracasa la opción escogida. Imaginemos un desengaño amoroso o una ruina económica: el entorno del amante abandonado o del quebrado, repetirá conmiserativo y con maliciosa complacencia: “Si ya se lo decíamos, pero, ¡claro! siempre hizo lo que le dio la gana.”
Pues bien, ha hecho lo que le ha venido en gana, se ha equivocado o ha tenido mala suerte, pero, eso sí, ha sido feliz, aun cuando breve haya sido su dicha. Quizás aprenda de su error, tal vez precise de una nueva equivocación, pero aprenderá la lección. Andando el tiempo, será más cauto a la hora de elegir socios o amantes, triunfará en el amor y en los negocios.
¿Por qué ese miedo a errar? De los errores se aprende. Es triste una vida sin riesgos y correr un riesgo no supone insensatez. Tampoco el error implica un fracaso definitivo. ¿Quién no ha rehecho su vida tras un doloroso divorcio o quién no ha iniciado un próspero negocio tras un sonada quiebra?
¿Por qué ese miedo a escoger? No es mucho mejor vivir en una eterna duda ni arrastrar de por vida la consabida pena de “si hubiera hecho aquello, otra habría sido mi vida”. Pensemos en los jóvenes que, comenzados unos estudios contra la opinión paterna, los abandonan para orientar su vida profesional por otros derroteros. ¿Acaso han perdido el tiempo? No, puesto que ya saben lo que les conviene. Sería mucho más lamentable imputar a su familia la responsabilidad por la elección de una carrera que detestan.
Me revientan esas “buenas personas” tan amigas de consejos tales como “Piensa bien lo que vas a hacer” o “Tú verás lo que haces, pero yo haría esto y lo otro”. Una cosa les aseguro: esos avisos siembran la zozobra y la zozobra es dolorosa. Además no hay rabia más espantosa que la de equivocarse por seguir, no nuestras inclinaciones, sino los dictados ajenos.
Cuantos censuran a quienes aman a quien les place, acometen arriesgadas aventuras económicas u orientan su vida profesional de un modo poco tradicional, envidian la feliz independencia de los que, sin miedo a sus emociones, emprenden la aventura de vivir la vida, aunque, a veces la apariencia de la aventura, no resulte muy respetable. No faltará quien critique o se relama con el chismorreo. Sin embargo y, pesar de su intachable conducta –siempre hace lo debido, nunca lo que le apetece-, olvida que es más difícil ser malo que ser bueno. Así me lo enseñó mi abuela y a mi abuela se lo enseñó su madre. Ambas, además de maestras, fueron unas respetabilísimas señoras.
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