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SANTOGAL es un embajador del lujo ibérico, no sólo por sus coches, sino por sus principios. Unas ideas que se basan en la humildad, la honestidad, y el cuidado de sus clientes, de sus accionistas, y sobre todo, de sus empleados, para conseguir alcanzar el objetivo que se propongan.

LUIS PESSANHA

Luis Pessanha es una de esas personas que transmite pasión por su trabajo. Algo emocionante de encontrar, porque es capaz de congeniar con sus iguales, pero también de convencer a aquellos como yo, que nunca han colocado entre sus prioridades básicas el coche. Me gusta conducir, sé apreciar el rugir de mi coche y diferenciarlo de otros, pero ahí termina mi relación con él. El director general de Santogal, la empresa lisboeta que lleva más de 70 años vendiendo coches de todas las gamas y marcas, me recibe en el concesionario de Ferrari en Madrid, uno de los que la compañía portuguesa gestiona también en la capital española. De Lisboa a Madrid, Santogal ha sabido transportar su filosofía y reproducir sus mejores prácticas de cara al cliente, a sus empleados, y también a sus accionistas. Todos comparten un objetivo común claro. La fórmula de Santogal identifica a la perfección las expectativas de los accionistas, con los que comparte su ética inquebrantable. "Si tienes un objetivo claro, todos se sienten identificados con ello, y si consigues remunerar bien a la gente en función de sus resultados, mejor todavía. La ética es un factor importante porque dormimos mejor, estamos a gusto, y de cara a las marcas que representamos, es un valor añadido en nuestra relación". El tercer pilar de esta compañía es un principio clave "tratar a la gente como me gustaría que me tratasen a mí". Ser cliente de Santogal es saber que no sólo vas a tener un coche x, sino que vas a tener lo que necesites adaptado en todo momento a tus necesidades. Luis Pessanha lo entiende como el valor añadido; "el cliente es nuestra obsesión. Nosotros tenemos mucho respeto por lo que otros han hecho. Cuando el coche llega, es un producto terminado, pero ya sea un Fiat, un Audi, un BMW o un Mercedes, como embajadores de Santogal, hay que mostrar al cliente el sastre que le va mejor. Lidiamos con sus necesidades, encontramos el mejor, adaptamos nuestra gama de coches al cliente, y ahí es donde reside nuestro valor añadido. Estamos más preocupados por darle lo que le va mejor, que en vender un coche que no se adapte a sus necesidades, y eso puede suceder si tienes el mundo automóvil en la mano".
Ese mundo ha cambiado en los setenta años que Santogal lleva desarrollando su actividad en Lisboa, doce en el caso de Madrid, pero ha sabido adaptarse a los tiempos sin perder el compás. Más de 1500 personas forman la compañía, que se ha convertido en un agente de esta historia de evolución tecnológica y social. "Hay una diferencia entre asistir a una película o estar dentro de ella. Santogal es un actor en una película de éxito, con la cuarta generación de accionistas que se sienten parte activa de esta historia". El antídoto para no anclarse en los vicios del pasado es la humildad, explica Luis. "A veces nos arriesgamos a pensar que lo sabemos todo; para trabajar en Santogal es necesario tener la humildad de querer aprender, entender lo que está cambiando". Consciente de las nuevas tendencias, de los móviles, los coches de alquiler y de Uber. Hasta ahora, el coche estaba ligado a las emociones, pero con cada generación las necesidades van cambiando, y el futuro plantea un tema interesante. "Cuando alguien viene a recoger su nuevo coche, es un momento especial, un pico de adrenalina, y cada detalle importa para esa parte emocional: la funda, el olor del interior... Cada marca se esfuerza por hacer de ello una experiencia única. A día de hoy el componente emocional se mantiene, el coche es una prolongación del 'yo', pero tengo curiosidad, porque no estoy seguro de que mañana vaya a ser igual". En 2007, siguiendo el plan del presidente Fernando Espírito Santo, Santogal llegó a Madrid. Su filosofía se plasma en cada consesionario, cuya red se amplía ahora con el nuevo punto Mercedes en Las Rozas. Ese es uno de los proyectos que ahora ocupan la mente de Luis, desarrollar el compromiso con la casa alemana, "cuidarlo porque es nuestro hijo más pequeñito, y queremos que las cosas vayan bien". 30 Años en Santogal confunden la historia de Luis Pessanha y la empresa que dirige, fiel a sí mismo, fiel a sus valores. "Si me preguntas por mi sueño, es no perder nunca esta humildad. Porque yo fundamentalmente soy un vendedor de coches, el mismo que vendía coches usados mientras estudiaba, el mismo que soñaba con ellos de pequeñito. Ahora tengo más responsabilidad, pero la misma ilusión y curiosidad de cara a lo que va a suceder en el futuro. Sin la humildad para aprender todos los días, te arriesgas a envejecer muy pronto".