motor

Capricho de Altos Vuelos

EN LA FÁBRICA DE TECNAM HUELE A COLA, LA MISMA QUE SIRVE PARA ENSAMBLAR LAS PIEZAS QUE COMPONEN LOS 400 AVIONES ULTRALIGEROS QUE SALEN DE SU CADENA DE MONTAJE CADA AÑO. INSTALADA EN VILLANUEVA DE GÁLLEGO, EN LA PROVINCIA DE ZARAGOZA, ESTA FILIAL ESPAÑOLA DE UNA EMPRESA ITALIANA ESTÁ ESPECIALIZADA EN LA AVIACIÓN LIGERA DE ÚLTIMA GENERACIÓN.

Capricho de Altos Vuelos

En la fábrica, los seis aviones acabados y cuatro en la cadena de montaje que esperan para surcar proximamente los cielos son el fruto del trabajo de 25 personas altamente cualificadas cuya labor consiste en producir los aviones diseñados previamente en una de las dos plantas que la firma posee en Capua, al norte de Nápoles.
El proceso de fabricación, a primera vista, parece sorprendentemente sencillo. Las máquinas de última generación se encargan de realizar los cortes informatizados que permiten optimizar al máximo la fibra de vidrio -para los recubrimientos que no son vitales- y la de carbono -destinada a las piezas estructurales que precisan más resistencia- con las que se rellenarán los moldes que corresponden a cada pieza del avión.
Las capas de fibra, una o varias, según de qué pieza se trate, y en algunos casos espuma para dar estructura sin aumentar el peso, posteriormente se recubrirán sucesivamente con una resina de epoxy
y una bolsa de plástico antes de ser selladas al vacío y cocidas a una temperatura de 60º durante cuatro horas. “En realidad la cocción podrías realizarla en tu propia casa”, bromea Álvaro Lapetra, el director de ventas y un experimentado piloto, mientras nos aproximamos a un horno descomunal. A la salida del horno, las piezas se “recantean”, antes de ser pegadas con pegamento estructural y comienza el montaje: la instalación de los 300 metros de cable y de la mampara cortafuegos; del sistema eléctrico e hidráulico; de la rueda de morros, de la bancada de motor y de los controles de vuelo; de la planta motriz y de los instrumentos, lo que técnicamente se denomina aviónica. El proceso acaba con varias capas de pintura, siempre blanca, y he aquí, como por arte de magia, un avión que se encuentra dispuesto a ser pilotado por alguno de los happy few que por un precio que, según las opciones, varía entre 45.000 y 350.000 euros pueden hacerse con una de estas maravillas ligeras...
Álvaro Lapetra y José Azemas Álvaro Lapetra y José Azemas